(Buenos Aires)
Hay
películas que se miran, y otras que se sienten. Risa y la cabina del viento,
ópera prima de Juan Cabral, pertenece a este segundo grupo. Rodada en gran
parte en Ushuaia (con algunos pasajes también por Río Grande), la película nos
invita a creer en algo más allá de lo visible: en que los vínculos verdaderos
no terminan con la muerte.
La historia
sigue a Risa (la notable Elena Romero), una niña que perdió a su padre en un
trágico incendio. Su madre, Sara (Cazzu), lucha por sobrevivir en medio de la
crisis económica. Pero Risa quiere usar la misteriosa cabina telefónica que
quedó en pie tras el fuego para hablar con él.
La
actuación de Cazzu conocida como
cantante es una gran sorpresa. Lejos de desentonar, logra un papel protagónico
lleno de verdad y contención. Y lo mismo puede decirse de todo el elenco: Diego
Peretti, Joaquín Furriel y Gustavo Garzón. Todos construyen personajes creíbles
y justos. Pero sin dudas, Elena Romero es el corazón de la película: su
ternura, su mirada y su determinación para hablar con su papá atraviesan la
pantalla y llegan directo al alma.
Completan
el elenco: Graciela Borges, Silvina Savater, Fabián Casas y Manuel da Silva.
Y qué decir
de la mascota: un hámster pequeñísimo, gracioso y con un timing cómico
impecable. Cada vez que aparece, saca una sonrisa. Es un acierto total de la
película y alivia con ternura la emoción de los momentos más intensos.
Risa y la
cabina del viento es una joya íntima que abraza el corazón. Por su elenco
entero, por la ternura de su niña protagonista, por ese hámster que roba
escenas, por el paisaje único de Ushuaia y por el mensaje hermoso de que los
vínculos no se cortan con la muerte. Imperdible
La
fotografía y el escenario de Ushuaia son protagonistas absolutos. La cámara
recorre sus calles empinadas , sus negocios y bares de estilo europeo que
conviven con los barrios humildes de los trabajadores, el mar, el canal Beagle
y sus islas, la cantidad de pájaros que
las habitan.
La música de Babásonicos también aporta. El guión es de Pablo Minces y Juan Cabral
La ciudad
tiene una personalidad única: fría, hermosa y dura. Y sobre todo, la película
retrata el sacrificio de sus pobladores, esa lucha cotidiana por vivir y
sobrevivir en una geografía inhóspita, donde el viento y el frío no dan tregua.
Eso le da una capa de realismo y hondura que pocas películas logran.
Se puede ver en varios cines.
Pronto se
estrenará en Netflix.
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